A media noche déjame cantar, el nerviosismo que exhala mi corazón al pensar en ese ser etéreo en pensamientos tan real como lo palpable, escucha ese susurro que vibra sin cesar, el sentir de un corazón que le canta a su dueño a pesar de lejos estar.
Conviértete en el néctar prohibido que corre por mis venas, y déjame beber hasta saciar las ansias de esta sed; se el bandido de media noche, se el ángel seductor, conviértete en lo que nunca ha sido y lo que nunca será.
Rompe el paradigma de lo imposible y cántale a la Luna temprana su salida, danza conmigo bajo el baño de plata mientras el compás del viento sea la melodía del vals a bailar; que los sueños sean uno y las caricias sean dos, una para el alma otra para el corazón.
Una a una que caigan las barreras y se fortaleza la unión, esa que por cercanías del reloj de arena, detuvo el tiempo al tomar de los labios carmín, la fuente de vida líquida que selló el pacto de aquellos confidentes de amor.
Deja abierto el pasaje de hielo para que de paso a la calidez, que saltando planos de tiempo y espacio, se vuelva inquebrantable ese querer, vuélvete lo indispensable en mi camino para andar.





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